Ser Juez y comportarse como un Juez, son dos cosas que a veces no coinciden en la misma persona. Conocer el Reglamento es, ante todo,
estudiarlo y estar al día. Saber desenvolverse en la pista, llevar adelante una competición o, simplemente, tener idea de cuál es nuestra función en el puesto que se nos designe, son cuestiones que no vienen en la reglamentación, y que
dependen en buena medida de la experiencia y de las enseñanzas recibidas.
En parte por resaltar aquello que, de tan elemental se da por sabido, y quizá no lo sea tanto, en parte por eliminar defectos de comportamiento, y aun de
organización, que afean y deterioran las competiciones, surgió la idea de poner en letra impresa estas sugerencias que pretenden ser una ayuda en los aspectos menos formales o reglamentados de nuestra actividad.
Así pues, esta guía no trata del reglamento en sí, aunque se mueve siempre dentro de sus cauces, sino de su desarrollo práctico en las competiciones,
porque una cosa es conocer el reglamento y otra aplicarlo.
Parto de la premisa de que nadie se hace juez de atletismo buscando fama y riquezas, sino por afición; y el que no, menudo chasco. Pero por la misma
familiaridad con que los jueces viven el atletismo como algo cotidiano, en ocasiones se manifiesta un cierto descuido en la aplicación del Reglamento, y una relajación en los comportamientos que no son en absoluto disculpables. Es preciso
tomar conciencia de la importancia de nuestra actividad. Los atletas nos lo agradecerán, y nosotros acabaremos más satisfechos las competiciones. Enfocar nuestro cometido con mayor seriedad no es lo mismo que con mala cara, pero ¿qué hemos
de hacer para actuar como auténticos jueces?
Movernos en la pista de una forma estudiada. Solo, sin resaltar. En grupo, de manera uniforme, por el camino que menos
estorbe, y buscando la mayor economía de movimientos. Que no se nos note. Cuantos menos jueces haya en una pista mejor. Los jueces sólo corren cuando juzgan caídas de artefactos. Un juez corriendo causa alarma, sobre todo en pista
cubierta. Los gestos de los jueces han de ser mesurados, no hay que hacer aspavientos ni ademanes ampulosos.
Hablar a los atletas con voz clara y audible, especialmente cuando se les llama,
dirigiéndonos a ellos por su nombre y primer apellido. Cuando sea preciso elevando el tono, para que sea
percibido a distancia o por el público y, cuando no, lo suficiente para alcanzar a nuestros interlocutores. Ante todo con la mayor corrección y serenidad. La discusión no tiene cabida en una competición; aparte de una explicación que pueda
conducir al entendimiento, está la reclamación y la resolución que proceda. Esto para no discutir, y cuando no se pueda tener un diálogo distendido, siempre breve, para explicar o aclarar algo.
Estar atentos en nuestro cometido, y lo primero es conocerlo. Aclarar antes de empezar cualquier duda que pudiéramos tener.
Pedir consejo a personas con mayor experiencia y fijar nuestros sentidos en lo que hacemos, sin dispersarlos en todo lo que acontece en esos instantes en pista, y que quizá sea más llamativo que lo que nos ha tocado.
Aprender de todo lo que vemos, de los aciertos y de los errores propios y ajenos. Después de cada actuación hay que
preguntarse por qué alguien ha visto algo que a nosotros nos ha pasado desapercibido, de esa manera la próxima vez no nos ocurrirá.
Aceptar el papel que nos toque, que no siempre nos agradará, salvo que asumamos de antemano que cualquier función merece
nuestro esfuerzo. Cierto que hay unas más importantes que otras, pero desde el puesto más nimio se puede entorpecer el buen desarrollo de una prueba. Tomar con agrado una tarea es empezar a hacerla bien.
Tomar iniciativas. No ser un convidado de piedra, ni esperar que nos lo digan todo. A veces no todo viene rodado. Inventar
es bueno, si el invento es provechoso, no hay que temer las innovaciones. Por un lado, comparte tus ideas con los demás; por otro, déjate convencer sin actitudes tercas.
Relacionarnos con los compañeros de forma cordial. Teniendo en cuenta que somos un colectivo con unas jerarquías mínimas y
muchas veces alternantes. Cada uno puede estar en su sitio porque nosotros nos dedicamos, precisamente a mantener el orden en una disciplina deportiva, y cada uno debe estar en su sitio, porque, afortunadamente, este es un trabajo de
equipo, donde la actividad de cada cual se ve con mucha claridad.
Eliminar feísmos, mascar chicle, fumar, comerse el bocadillo en la pista, formar corrillos y, en general, adoptar actitudes
que denoten desinterés. Somos el centro de atención sólo para lo negativo. Hay que estar bien sentados, y no tendidos sobre la silla. Un Juez que, simplemente, levanta una bandera, no causa el mismo impacto visual que uno que parece estar
haciendo señales desde un barco.
Presenciar la competición como Juez, no como espectador. Para el público debe quedar bien patente que no tenemos
favoritismos. El que quiera aplaudir, desde la grada y en la ceremonia de premiación. El que quiera animar,
que no lleve uniforme. Al acabar las pruebas, lo indicado es despedirse de los atletas educadamente, pero sin ceremonias y, por supuesto sin atosigar a las estrellas con peticiones de autógrafos o fotos.
Encarar nuestra tarea de forma positiva nos la hace más fácil. Y hacerla bien es, al mismo tiempo nuestra obligación y nuestra mejor recompensa.
No hay mucho que decir. Todos, más o menos, tenemos nuestro uniforme; pocas excusas
podemos hallar para no usarlo y, desde luego, se debe evitar tener en la pista un juez que no lo lleve. En algunas competiciones no es fácil identificar a los jueces, sobre todo de cross o ruta, y conviene que se pueda, porque si alguien
que no parezca un juez se dirige a un atleta ¿qué puede hacer el atleta? Si además de ser jueces, lo parecemos, mucho mejor.
Así que quedamos en que todos llevamos uniforme, naturalmente recién lavado y planchado como si nos fueran a hacer una foto. ¿Ya está? Seguro que podemos
pensar en algo más antes de salir. El calzado adecuado; vamos a un evento deportivo, no podemos llevar charol ni zapatos de tacón. A veces en un cross se ven jueces calentándose los pies dando patadas al suelo porque no llevan los
calcetines que deberían. Y el uniforme es todo lo que llevemos, sobran collares, broches, pañuelos, joyería ostentosa, gorras improcedentes o cinturones llamativos. Es cuestión de detalles, desde acudir provistos de reloj o de bolígrafo, un
ejemplar del Reglamento y con el escudo y brazalete si procede, hasta prescindir del llavero de tu club u otros motivos de propaganda que puedan despertar recelos. Sólo hay que pensar un momento, pero pensarlo.
Funciones de jueces en una competición
Es mucho más fácil cuando sabes con antelación qué puesto vas a ocupar en una competición. Así puedes estudiar con detenimiento esa parte del
reglamento, pero lo que no encuentras es dónde dice, al margen de lo estrictamente reglamentario, cómo has de desenvolverte en esa función, qué se espera que sepas hacer. ¿Qué he de hacer si me toca estar de...? Eso es lo que pretendo
explicar con esta sencilla guía.
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